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    Opinión

    Son dos poemas

    Son dos poemas


    EN LAS NUBES


    Por: Carlos Ravelo Galindo


    Febrero 27, 2018 23:02 hrs.

    Nacional › México › Ciudad de México

    Cultura

    Si. En efecto. Son dos de la décima musa. Qué más podemos ofrecer. Hoy, cuando termina el más corto mes del año. Y un chascarrillo, para empezar el mes de la primavera. DIME VENCEDOR RAPAZ
    Dime vencedor Rapaz,
    vencido de mi constancia,
    ¿Qué ha sacado tu arrogancia
    de alterar mi firme paz?
    Que aunque de vencer capaz
    es la punta de tu arpón,
    ¿qué importa el tiro violento,
    si a pesar del vencimiento
    queda viva la razón?
    Tienes grande señorío;
    pero tu jurisdicción
    domina la inclinación,
    mas no pasa el albedrío.
    Y así librarme confío
    de tu loco atrevimiento,
    pues aunque rendida siento
    y presa la libertad,
    se rinde la voluntad
    pero no el consentimiento.
    En dos partes dividida
    tengo el alma en confusión:
    una, esclava a la pasión,
    y otra, a la razón medida.
    Guerra civil, encendida,
    aflige el pecho importuna:
    quiere vencer cada una,
    y entre fortunas tan varias,
    morirán ambas contrarias
    pero vencerá ninguna.
    Cuando fuera, Amor, te vía,
    no merecí de ti palma;
    y hoy, que estás dentro del alma,
    es resistir valentía.
    Córrase, pues, tu porfía,
    de los triunfos que te gano:
    pues cuando ocupas, tirano,
    el alma, sin resistillo,
    tienes vencido el Castillo
    e invencible el Castellano.
    Invicta razón alienta
    armas contra tu vil saña,
    y el pecho es corta campaña
    a batalla tan sangrienta.
    Y así, Amor, en vano intenta
    tu esfuerzo loco ofenderme:
    pues podré decir, al verme
    expirar sin entregarme,
    que conseguiste matarme
    mas no pudiste vencerme.
    COGIÓME SIN PREVENCIÓN
    Cogióme sin prevención. Amor, astuto y tirano: con capa de cortesano se me entró en el corazón. Descuidada la razón y sin armas los sentidos, dieron puerta inadvertidos; y él, por lograr sus enojos, mientras suspendió los ojos me salteó los oídos.
    Disfrazado entró y mañoso; mas ya que dentro se vio del Paladión, salió de aquel disfraz engañoso; y, con ánimo furioso,
    tomando las armas luego, se descubrió astuto griego que, iras brotando y furores, matando los defensores, puso a toda el Alma fuego.
    Y buscando sus violencias en ella al príamo fuerte, dio al Entendimiento muerte, que era Rey de las potencias; y sin hacer diferencias de real o plebeya grey, haciendo general ley murieron a sus puñales los discursos racionales porque eran hijos del Rey.
    A Casandra su fiereza buscó, y con modos tiranos, ató a la Razón las manos, que era del Alma princesa. En prisiones su belleza
    de soldados atrevidos, lamenta los no creídos desastres que adivinó,
    pues por más voces que dio no la oyeron los sentidos.
    Todo el palacio abrasado se ve, todo destruido; Deifobo allí mal herido, aquí Paris maltratado. Prende también su cuidado la modestia en Polixena; y en medio de tanta pena, tanta muerte y confusión,
    a la ilícita afición sólo reserva en Elena.
    Ya la Ciudad, que vecina fue al Cielo, con tanto arder, sólo guarda de su ser vestigios, en su ruina. Todo el amor lo extermina;
    y con ardiente furor, sólo se oye, entre el rumor
    con que su crueldad apoya:
    "Aquí yace un Alma Troya ¡Victoria por el Amor!"
    . craveloygalindo@gmail.com

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