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    Opinión

    Profesor venezolano de la UIA previene contra AMLO

    Profesor venezolano de la UIA previene contra AMLO


    Textos en libertad


    Por: José Antonio Aspiros Villagómez


    Junio 07, 2018 21:06 hrs.

    Nacional › México › Ciudad de México

    Política

    Si en la Universidad Iberoamericana (UIA) hay realmente un profesor venezolano de nombre Carlos Delgado Castillo, tal vez deban ocuparse de él las autoridades migratorias por haber difundido a través de las llamadas redes sociales su crítica a un candidato presidencial, advertir del ’peligro’ que a su juicio representa y hacer reproches a los mexicanos.

    Aun cuando tuviera razón en todo lo que dice, que más bien es algo para el debate, no corresponde a un extranjero influir en la intención de voto de quienes en México elegiremos al próximo presidente de la República.

    Y si bien tomamos con cautela la identidad del firmante, porque tras las elecciones de 2006 escribimos sobre otro caso divulgado por las redes y se deslindó el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) al que involucraron con nombres y apellidos, el contenido del mensaje actual es atribuido a ese profesor venezolano y, si fuera así, probablemente estaría violando nuestras leyes.

    Quien quiera que sea Carlos Delgado Castillo, explica que él huyó de Venezuela tras ’la instauración del régimen chavista’ e increpa a los mexicanos por no haberse inquietado antes ’y no ahora que sólo falta un mes para la elección’ en la que -asegura- ’el triunfo de (Andrés Manuel) López Obrador es inevitable’.

    Este personaje, que podría ser real o inventado, se presenta como ’profesor Universitario y de Postgrados del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil en la Universidad Iberoamericana’ y dice que ha notado ’mucha preocupación’ entre sus ’alumnos, compañeros docentes y amigos mexicanos’ por el ’inminente triunfo’ de ese candidato, y así ’lo comentan en el salón de clases (y) en las reuniones de profesores’, como si a eso fueran maestros y estudiantes a dicha institución.

    Considera como ’lo más peligroso’, que AMLO ’llegará con mayoría en las dos cámaras’ y así hará ’literalmente lo que le dé la gana, como lo hizo (Hugo) Chávez en mi país’. Y agrega más calumnias, que no reproducimos para no hacerle el juego.

    Acusa a los destinatarios de su mensaje de ’indiferencia’ pues ’hasta ahora que lo ven cerca empieza a correr el miedo por sus venas’ y encuentra tantas ’similitudes impactantes’, que López Obrador hasta usa ’el mismo uniforme de ‘baseball’ que vistió no sólo Chávez, sino también (Nicolás) Maduro, Evo Morales y Fidel Castro’, figuras que muchos mexicanos aprecian.

    Condescendiente, este extranjero o quien lo haya inventado dice a sus ’hermanos mexicanos’ que no quiere ’preocuparlos más’, pero les ’aconseja’ que se organicen y defiendan ’con uñas y dientes’ su ’libertad de pensamiento y de culto’.

    Tal vez como se organizaron en Venezuela los enemigos del régimen y emprendieron hace un lustro o más, una guerra económica con -al decir de Diego Olivera, de Barómetro Internacional- actos de ’especulación, acaparamiento, sobreprecios y malversación en el uso de divisas’ para desestabilizar al país y poner a la población contra el gobierno.

    En 2006 escribimos sobre la invitación recibida por correo electrónico para apoyar una campaña destinada a cerrar la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y crear en su lugar una institución de paga, que pedía reunir 25 firmas y ya traía siete, cinco de ellas de supuestos estudiantes o empelados del ITAM, una de un ’ejecutivo de Bancomer’ y otra sin especificar.

    La que se armó contra el colega Teodoro Rentería, quien retomó el tema basado en nuestro artículo. Recibió amenazas, el ITAM se deslindó del documento y luego se olvidó todo. Ahora no sabemos qué pasará, pero por lo pronto la comunidad estudiantil de la UIA se habría reunido este martes 5 con el candidato Ricardo Anaya y el jueves 7 lo hará con Jaime Rodríguez Calderón.





    --
    NOTA: Si Ud. no desea figurar en mi lista única de contactos, por favor responda este correo con la palabra BAJA y de inmediato lo atenderé. Gracias







    Jose Luis Uribe <jluribe2000@yahoo.com.mx>
    Para:
    CLUB PRIMERA PLANA
    ,
    Germán Guzmán
    ,
    Esteban De Lara

    7 jun a las 7:39



    ----- Mensaje reenviado -----
    De: José Antonio Aspiros Villagómez <antonio.aspiros@gmail.com>
    Para: José Antonio Aspiros Villagómez <antonio.aspiros@gmail.com>
    Enviado: ‎jueves‎, ‎7‎ de ‎junio‎ de ‎2018‎ ‎01‎:‎21‎:‎43‎ ‎a. m.‎ ‎CDT
    Asunto: TEXTO DE ANTONIO ASPIROS

    Textos en libertad

    Un marine mexicano en el día más largo del siglo
    José Antonio Aspiros Villagómez



    Este 6 de junio cumplió 20 años nuestra nieta Karla Paola y cinco Ana Jimena, sobrina nieta. Nacieron justo en alguno de los aniversarios del llamado Día D, 6 de junio de 1944, cuando las fuerzas aliadas desembarcaron en las playas francesas de Normandía y dieron inicio las acciones decisivas para poner fin a la II Guerra Mundial, lo cual se debió también al avance soviético desde el Este hasta lograr la toma de Berlín.

    Sobre el episodio de Normandía escribió el estadunidense Cornelius Ryan el libro El día más largo, cuyo argumento fue llevado al cine en 1962 con un reparto relevante (Wyne, Mitchum, Fonda, Connery, Burton, Paul Anka…) y en México se exhibió como El día más largo del siglo. Del siglo XX, se entiende.

    Y si bien cuando las fuerzas aliadas llegaron a Normandía a través del Canal de la Mancha, este tecleador estaba por cumplir apenas tres meses de vida, ya siendo adulto tuvo la oportunidad de conocer a uno de los marines estadunidenses -aunque mexicano de nacimiento- que formaron parte de aquel contingente.

    Su nombre era Antonio Suárez Garrido y nos fue presentado como ’el primer soldado que desembarcó’ en dicha invasión, un tema del que él solía platicar en los años 70 con sus compañeros de redacción en la agencia de noticias Notimex.

    Homónimo de un futbolista español nacido en 1931, al señor Suárez lo conocimos como traductor y periodista, pero hasta donde indagamos nunca escribió un libro o siquiera artículos acerca de su traumática experiencia en la guerra.

    Fue, eso sí, uno de los tres jefes de redacción llamados Antonio que hubo en Notimex bajo la dirección de don Pedro Ferriz Santa Cruz. Los otros dos fueron Antonio Ortiz Izquierdo y este tecleador.

    Si don Antonio Suárez fue o no el primero que desembarcó, porque con él lo hicieron miles de soldados, lo cierto es que tampoco fue de las ’dos clases de personas’ que según el coronel George A. Taylor había en la playa: ’las que han muerto y las que van a morir’. Él salvó la vida entonces, pero su afición al tabaco se la arrebató en 1981, cuando formaba parte del equipo recién nombrado por Ferriz con este tecleador al frente, para elaborar ’features y artículos especiales’.

    La cita sobre ’las dos clases de personas’ se encuentra precisamente en El día más largo, donde Ryan describe cómo, atacados por los alemanes desde tierra, ’los soldados morían al borde del agua’. Fue así, porque hubo desembarcos en cinco playas y al menos una de ellas fue elegida de manera equivocada.

    En el libro Historia de la II Guerra Mundial (Bantam Books, 1969), sus autores A. Rothberg, P. G. Fredericks y M. O’Keefe explican que primero fueron lanzados paracaidistas y tropas aerotransportadas en la madrugada de aquel 6 de junio, y luego tuvo lugar el asalto desde esas cinco playas: las fuerzas estadunidenses en dos de ellas y las canadienses y británicas en las otras tres.

    Antonio Suárez fue parte de un ’puñado de hombres’ que, según Ryan, ’al darse cuenta de que permanecer inmóviles sobre la playa implicaba una muerte cierta, se pusieron en pie y comenzaron a moverse… Ferozmente se fueron abriendo paso, pulgada a pulgada, para salir de playa Omaha…’

    Conforme lo relata la Historia de la II Guerra Mundial, ’el Día D ocasionó a los aliados unas 11,000 bajas, de ellas unos 2,500 muertos, bastante menos de los que se había temido al iniciar la Operación Overlod’, como se llamó a aquel plan.

    Y tal vez hubieran sido menos aún pero, como lo describe Cornelius Ryan con no poco dramatismo, nadie de sus compañeros pudo ayudar a los heridos. Narró, por ejemplo, que ’el capitán Robert Cinningham y sus hombres vieron también cómo se debatían los supervivientes. Instintivamente vieron hacia los náufragos. Una lancha rápida los interceptó. Por los altavoces llegaron unas voces torvas: ¡Esto no es un barco de rescate! ¡Sigan hacia la costa!’

    Nuestro multicitado compañero de trabajo fue de quienes llegaron a la costa y regresaron victoriosos cuando la guerra se ganó.

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